AGRICULTURA Y SUSTENTABILIDAD

AGRICULTURA Y SUSTENTABILIDAD

Hace poco más de diez mil años las civilizaciones humanas tomaron un nuevo rumbo con el desarrollo de los cultivos de distintas especies de plantas. Nació así la agricultura, o cultivo de la tierra, que acompañará a la humanidad por todas las edades hasta el presente.

La agricultura fue, es y seguirá siendo de primerísima importancia para la población humana ya que es su fuente primordial de alimentos. Después de la II Guerra Mundial se generó un importante cambio en la agricultura a nivel mundial, llamada “revolución verde” por su reconocido lider el Dr. Norman Borlaug. Esta revolución implicó cambios tecnológicos importantes, el uso generalizado de nuevas variedades de cultivos de alta productividad, y el uso intensivo de riego, pesticidas y fertilizantes sintéticos. La producción agrícola experimentó un colosal incremento.

En la actualidad, más de la mitad de la tierra cultivable del planeta es campo agrícola, lo que representa el 38% de la superficie terrestre.

reemplazoPero estos progresos tienen altos costos en términos ambientales. El impacto de la agricultura sobre los ecosistemas naturales es muy elevado y se pone de manifiesto por el deterioro de los servicios ecosistémicos. El reemplazo de la vegetación natural por campos agrícolas reduce significativamente la biodiversidad, extinguiendo o poniendo en peligro de extinción numerosas especies de plantas y animales que no solo tienen valor ecológico sino también económico; además libera de manera súbita grandes cantidades de carbono a la atmósfera, eliminando la capacidad de secuestro de carbono del sistema.

La agricultura impacta negativamente a la circulación del agua y de sustancias como el nitrógeno y el fósforo, contribuye con la emisión de los gases de efecto invernadero y deteriora la condición de los mismos suelos que usa para producir los cultivos. Como consecuencia, los servicios de aire limpio y agua pura se deterioran, se produce lluvia ácida y se aumentan los volúmenes de escorrentía favoreciendo la erosión. El arrastre de sedimentos conduce a la eutroficación y termina colmatando los cuerpos de agua. El uso exagerado del agua para riego termina agotando las reservas de lagos y acuíferos generando desertificación.

Así resumidos, estos impactos no parecen complicados, pero los agroecosistemas son sistemas complejos y hay toda clase de interacciones entre factores y entre procesos.

Esta situación se torna insostenible porque los daños ambientales de la agricultura amenazan las bases mismas que la sostienen (suelos y agua). El problema a resolver es cómo mantener una agricultura de alta productividad sin que produzca efectos adversos en los ecosistemas. Las investigaciones sobre este tema son abundantes en las últimas décadas.

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Se ha propuesto que son necesarias medidas en tres ejes: hacia los productores agrícolas, hacia los consumidores (la población humana) y hacia la investigación científico-tecnológica. Los estímulos a los agricultores pueden tomar varias formas: reducir los subsidios al uso de fertilizantes y pesticidas a la vez que subsidiar prácticas sustentables mediante una política crediticia e impositiva. Incentivar el incremento en la eficiencia del uso de fertilizantes y pesticidas puede lograr reducir su uso excesivo. Se ha comenzado la práctica de “pagos verdes”, que son pagos directos a los agricultores que practican agricultura amigable con el ambiente (en Australia, Canadá, Japón, Noruega, Suiza, los Estados Unidos y algunos países de la Unión Europea).

De manera similar han comenzado los incentivos para que los consumidores dirijan sus preferencias hacia los productos agrícolas con menor huella ecológica. El uso de etiquetas con la huella ecológica del producto está ya contribuyendo a concienciar a los consumidores en relación a la necesidad de reducir los impactos ambientales de la agricultura. La popularidad de productos “orgánicos”, producto de agricultura sin químicos añadidos, ha ido en aumento en los últimos años. La agricultura orgánica ha sido criticada porque se piensa que no es capaz de satisfacer las cantidades requeridas por la población. Sin embargo, algunos estudios sostienen que la agricultura orgánica puede ser tan productiva como la agricultura de altos insumos (Badgley et al., 2007). Desestimular el consumo excesivo de productos animales es otra medida conveniente.

agricultura organicaEs necesario superar la polarización creada en la opinión pública sobre “ecología versus desarrollo”. Las medidas de protección ambiental deben explicarse suficientemente y deben orientarse hacia el desarrollo sustentable. Muchas de esas medidas son también favorables para la agricultura. Por ejemplo, favorecer el secuestro de carbono no solo disminuye el efecto invernadero sino que también tiene efectos favorables sobre los suelos, promoviendo su fertilidad y su conservación, la diversidad de la fauna invertebrada y la eficiencia en el uso del agua.

Hemos dicho que la investigación sobre el funcionamiento de agroecosistemas ha sido intensa en las últimas décadas. Sin embargo, ha prevalecido la orientación hacia la solución de problemas específicos, sin importar las consecuencias de las soluciones hacia el sistema en su conjunto. Solo recientemente ha comenzado a fortalecerse un enfoque sistémico orientado a conocer el funcionamiento de estos agroecosistemas en su conjunto y hacia el manejo ecossistémico como base de la práctica agrícola.

Robertson y Swinton (2005) dan un buen ejemplo de lo planteado en el párrafo anterior usando el caso del maíz Bt, una variedad genéticamente modificada con los genes de resistencia al taladrador europeo (Ostrinia nubilalis). Este maíz transgénico reduce la necesidad de pesticidas. Pero otros lepidópteros son también afectados, y no sabemos hasta donde su uso en los campos de cultivo está creando un problema mayor que el que resuelve. Un enfoque ecosistémico hacia este problema debería comenzar por investigar las implicaciones y alternativas en el uso del maíz Bt. Por ejemplo: probar la exposición y la susceptibilidad de otros organismos al pollen Bt y a los productos de descomposición del maíz Bt; analizar los costos comparativos del uso del maíz transgénico y de otras alternativas (incluyendo rotación de cultivos); estudiar las probabilidades de transferencia del gen a poblaciones nativas; investigar los efectos socioeconómicos de ciertas pestes que son Bt-resistentes sobre los cultivos orgánicos, para los cuales los insecticidas Bt son la única herramienta de manejo; estudiar los posibles efectos alergénicos en la población humana y otros varios aspectos que han sido dejados al margen por la falta de una visión ecosistémica para atacar este problema.

Un avance importante en el desarrollo de la agricultura sustentable es la llamada agricultura de labranza cero, técnica que consiste en sembrar directamente la semilla de los cultivos sobre el suelo, sin remover los residuos del cultivo anterior, es decir sin arado previo del terreno. Entre otras ventajas, esta técnica disminuye de manera importante la erosión y aumenta la fertilidad natural del suelo, a la vez que favorece la diversidad de la flora y la fauna edáfica. Al aplicarla, se disminuyen las emisiones mientras se aumenta el secuestro de carbono. Se ha mostrado que la labranza cero aumenta los rendimientos y la productividad a la vez que reduce los insumos. En la actualidad se utiliza en grandes áreas en varios paises como los Estados Unidos, Argentina, Brasil, Canadá, Australia y Paraguay.

La agricultura tradicional de pequeña escala se integra en cierta medida al funcionamiento del ecosistema donde se realiza. Aprovecha entonces un conjunto de servicios ecosistémicos sin amenazarlos. Se beneficia del control natural de las plagas, de la fertilidad natural basada en la diversidad de microorganismos del suelo, de los polinizadores naturales y de la conservación de los suelos entre otros servicios, pudiendo entonces prescindir de los gastos excesivos en fertilizantes y plaguicidas. Los grandes cultivos promovidos por la revolución verde están desacoplados del ecosistema, siendo verdaderos sistemas artificiales mantenidos por grandes inversiones en químicos. El futuro de la agricultura depende en buena medida de lograr el reacoplamiento de la agricultura intensiva con el ecosistema.

acoplamiento y desacoplamiento

REFERENCIAS

Acevedo, E. & Silva P. 2003. Agronomía de la Cero Labranza . Universidad de Chile,
Facultad de Ciencias Agronómicas, Serie Ciencias Agronómicas No 10. 118 pág.

Badgley, C., Moghtader, J., Quintero E., Zakem, E., Chappell M. J., Aviles-Vazquez, K., Samulon, A. & Perfecto, I. (2007). Organic agriculture and the global food supply. Renewable Agriculture and Food Systems 22(2): 86–108.

Dale, V. H. & Polasky, S. (2007). Measures of the effects of agricultural practices on ecosystem services. Ecological Economics 64:286–296.

Robertson, G. P. & Swinton, S. M.  (2005) Reconciling agricultural productivity and environmental integrity: a grand challenge for agriculture. Front Ecol Environ; 3(1): 38–46.

Tilman, D., Cassman, K., Matson, P., Naylor, R., Polasky, S., (2002). Agricultural sustainability and the costs and benefits of intensive production practices. Nature 418, 671–677.

 

 

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