REFLEXIONES SOBRE EL CONCEPTO

Pudieramos definir al desarrollo sustentable como “un progreso socio-económico que prescinda de los efectos ambientales nocivos que hasta ahora han caracterizado al desarrollo”, es decir que lo sustentable es el desarrollo mismo, es claro que esta definición no satisface a todos y que es solamente una de las varias que pueden derivarse. En un provocativo libro (“Our Common Journey”) preparado por el Panel sobre Desarrollo Sustentable del Consejo Nacional de Investigaciones de los Estados Unidos (BSDPD 1999[1]), se discuten con detalle estas diferencias conceptuales.

Allí se señala que el énfasis en lo que debe ser sustentado (el objeto) varía en tres clases principales: la naturaleza, los sistemas que mantienen la vida y la comunidad. La categoría más importante es la de los sistemas que mantienen la vida, en tanto que ésta es primariamente la vida humana. Dentro de esta categoría están los “recursos naturales” que son principalmente aquellos útiles para la sociedad humana. Esta idea se ha centrado más en los “servicios ecológicos” que prestan los ecosistemas, los que incluyen el reciclaje del agua, el mantenimiento de la capa del ozono, el control de los gases que componen el aire que respiramos, etc. Esta es una visión completamente antropocéntrica que se alinea muy bien con la doctrina del hombre como amo y señor de la naturaleza.

El énfasis en lo que debe desarrollarse también puede cambiar dependiendo del observador. La visión predominante es económica, es decir, que lo se desarrolla es la economía: inversiones, producto, consumo y riqueza. En las últimas décadas se ha promovido una visión más humana en el sentido de que el énfasis debe ponerse en el desarrollo humano: salud, educación, vivienda, equidad, oportunidades iguales para todos, etc. Una tercera visión incorpora la sociedad, con sus sistemas de justicia, libertad, estabilidad institucional, democracia, seguridad nacional, derechos humanos, etc. En resumen, el énfasis en desarrollar la economía, la gente o la sociedad cambia de acuerdo con el punto de vista del observador, aunque en muchos casos hay combinaciones de los tres aspectos.

Por añadidura, tampoco queda clara la escala de tiempo y espacio en que funciona el desarrollo sustentable. No es lo mismo la sustentabilidad durante un lustro que durante varias generaciones. Tampoco es equivalente la sustentabilidad de una pequeña cuenca en un valle andino que la sustentabilidad de toda una región o del planeta en su conjunto. Esto también debe ser decidido por el observador, o por el organismo que planifica el desarrollo. Se piensa que a corto plazo y en áreas restringidas cualquier desarrollo puede ser sustentable. Para resolver el conflicto entre el desarrollo y la naturaleza es claro que la sustentabilidad debe ser permanente, una vez iniciada.

El concepto de desarrollo sustentable es entonces considerado como oscuro, vago, indefinido y esencialmente poco útil para precisar metas y objetivos a ser alcanzados en ciertos plazos. Algunos no ven esto como una desventaja, toda vez que permite ir definiendo metas a lo largo de un proceso social e histórico, una suerte de “aprendizaje social” que significa que el desarrollo sustentable se va definiendo a medida que se va procurando. Pero también implica que el rumbo es incierto y que puede tomar cualquier dirección e incluso revertirse en cualquier momento. Esto último pasa igualmente con el desarrollo económico a secas. Sabemos como los países de la región latinoamericana experimentan años de progreso y bienestar para luego entrar en una recesión que también dura años y hasta décadas. El problema es que el deterioro de la naturaleza se ha mantenido por siglos y no sabemos cuánto más puede ésta aguantar antes de un colapso.

En mi opinión, el problema no radica en el concepto mismo sino más bien en los intereses encontrados entre los desarrollistas y los ambientalistas. En un gradiente de opiniones, un extremo lo ocupan aquellos que quieren continuar con políticas desarrollistas con el mínimo de controles ambientales y el otro extremo los que propician un conservacionismo a ultranza que forzaría a controles ambientales máximos.

En las posiciones intermedias se encuentran todas aquellas que hacen concesiones en una u otra dirección. El concepto, como lo veo, propicia la idea del desarrollo, pero calificándolo. No se trata de cualquier desarrollo, sino uno que se pueda mantener en el tiempo, que se sustente. Por cuanto el desarrollo implica el uso de recursos y depende de las condiciones ambientales, estaría implícito que solo se puede sustentar si se garantiza que esas condiciones y esos recursos se mantienen. Pero como los lectores pueden ver, esta es una interpretación, como hay muchas. El énfasis, como decimos arriba, varía dependiendo del observador.


[1] BSDPD, 1999. Our Common Journey: a transition toward sustainability.  NationalAcademy Press,Washington,DC.

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  1. #1 por Susan Smith el julio 27, 2011 - 9:28 am

    De la lectura y conversaciones previas me surge la siguiente interrogante ¿Es el desarrollo sustentable un fin en si mismo, la meta ultima, o por el contrario es una propiedad del desarrollo?
    Sí es la meta última, esa que está más allá de lo ya conocido –de allí el carácter etéreo del término- entonces es un dogma y como todo dogma, creer en la posibilidad de alcanzar tal estado, es un acto de fe.
    Sí por el contrario es una propiedad del desarrollo y entendemos por desarrollo cualquier emprendimiento pensado y planificado que busca solucionar un problema concreto, entonces tenemos mucho por hacer.
    Evaluar los impactos de cualquier desarrollo, a través de una batería de indicadores robustos (resultantes de un análisis cuidadoso de causas y efectos) es el inicio. Diseñar estrategias de adaptación y mitigación de esos impactos, es lo que continúa.
    Hasta aquí no hay novedad, lo que falta es el compromiso real a todas las escalas de la “sociedad” sobre la necesidad de alcanzar un quehacer en todas sus dimensiones “sustentable”. Pasar de ser habitante a ser ciudadano es parte de la cuestión.

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  1. EL Reporte Brundtland, revisitado | sustentabilidad y desarrollo

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