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SISTEMA DE CONTABILIDAD AMBIENTAL Y ECONOMICA INTEGRADA (SCAEI)

Los esfuerzos de la CDS de la ONU y de otra organizaciones para coordinar y orientar el desarrollo de un conjunto de IDS a nivel global no han logrado resultados más allá de la lista de 58 IDS y la capacitación de personal de distintos paises para su uso. Esta lista como dijimos antes funciona más como un menú de IDS y cada país, acorde con sus prioridades y características utiliza su propio set de indicadores. Los acuerdos entre países para el uso común de un set de IDS puede ayudar en esta dirección, pero requiere de un nivel de cooperación y comunidad de prioridades que hasta ahora ha impedido mayores avances.

Podemos considerar algunos esfuerzos alternativos a los de la CDS, que han planteado un conjunto de indicadores orientados por metas específicas a ser procuradas por los distintos paises. Tal es el caso de las Metas del Milenio que hemos discutido en entradas anteriores. Estas tienen mayor relevancia para los paises en desarrollo y están muy vinculadas a una agenda polìtica pero no son muy coherentes y explícitas en la materia ambiental.

Otra iniciativa es la del Sistema de Contabilidad Ambiental y la Economica Integrada (SCAEI), en inglés “System of Integrated Environmental and Economic Accounting (SEEA)”.  Este es resultado de la cooperación entre los servicios estadísticos de varios paises y de organizaciones internacionales, con el apoyo de la División de Estadística de la ONU.

Una ventaja importante de este enfoque es que el SCAEI se fundamenta en el Sistema de Contabilidad Nacional (SCN), es decir, en las cuentas del país que evaluan la marcha de todo el sistema económico. No lo modifica, sino que aparece como una más de las cuentas nacionales, mostrando por una parte el impacto de los desarrollos económicos sobre el ambiente y por la otra la contribución de los recursos naturales al desarrollo. En otras palabras, se pretende contabilizar de manera integrada la economìa y el ambiente de un país. El SCAEI es también llamado “cuentas ambientales” o “cuentas verdes” y en algunos países recibe denominaciones particulares.

Desde 1993, el SCAEI ha estado bajo constante revisión por parte de la División de Estadística de la ONU en colaboración algunas otras organizaciones. Paralelamente a la ONU, otras organizaciones internacionales como el Instituto de Recursos Mundiales y algunos paises europeos han desarrollado métodos análogos al SCAEI.

El PNUMA creó el llamado Grupo de Nairobi, formado por expertos internacionales de varios paises desarrollados y en desarrollo, para promover el estudio sobre la contabilidad ambiental. Este Grupo, a través de la División de Estadística de la ONU y el PNUMA, publicaron un  Manual de Operaciones sobre Contabilidad Ambiental y Económica Integrada en el 2002.

Se comienza por reconocer la importancia de integrar los aspectos ambientales a las cuentas nacionales, en virtud de las tres funciones primordiales del ambiente: el suministro de recursos naturales para la producción, la absorción de los desechos y las funciones de sostén de la vida (los “servicios ecológicos”: agua, aire, nutrientes, etc). En la actualidad, el desarrollo económico de la sociedad humana pone en peligro cada una de estas tres funciones ambientales.

“Cualquier sistema de contabilidad económica que no incluya al medio ambiente omite una dimensión crucial para el funcionamiento del sistema económico y, en términos más generales, para la producción y el mantenimiento de la riqueza.”

Las actividades económicas que conducen a la producción de bienes y servicios para el bienestar humano requieren a su vez de insumos de capital y del flujo de bienes y servicios. El resultado de esta actividad es evaluado por el SCN, algunos de cuyos índices son el PIB (Producto Interno Bruto) y el PIN (Producto Interno Neto) que si bien se usan como indicadores de bienestar no lo están midiendo directamente.

Con el SCAEI, se integra directamente a este sistema de cuentas los insumos naturales utilizados en la producción. Los otros componentes, la generación de desechos y los daños directos e indirectos a los servicios ecologicos, se incorporan mediantes las llamadas “cuentas satelites” (ver cuadro).

Mientras que los procesos de producción de bienes y servicios deben aumentar el capital económico (de lo contrario no son económicamente sustentables), disminuyen el capital natural, tanto de los recursos naturales renovables como de los no renovables. Esto siempre que estos procesos no contemplen ni la regeneración de los primeros ni la conservación de los segundos. La disminución del capital natural afecta negativamente los servicios ecológicos, toda vez que la capacidad ambiental se ve disminuida. Esto puede ejemplificarse con la disminución de la biomasa verde, consecuencia de la destrucción de los bosques por la explotación maderera, agricultura, minería, etc.,  que decrece la capacidad de fijación de dióxido de carbono del ecosistema planetario.  Por otra parte, la actividad económica genera desechos, que de no ser debidamente manejados afectarán los servicios ecológicos, tanto directamente (por ejemplo, la contaminación del aire y de las aguas) como indirectamente, al colmar los sumideros naturales (por ejemplo, la destrucción de la capa de ozono).

De este cuadro de flujos e interacciones surge una noción clara: si queremos un desarrollo sustentable debemos transformar las flechas rojas en azules. Controlar la emisión de desechos y sus efectos nocivos directos e indirectos; y tomar las medidas pertinentes para mantener el capital natural mediante la conservación y la regeneración. El SCAEI puede ayudar a evaluar el progreso de estos propósitos.

Como suele suceder, esta solución tiene sus problemas. En primer lugar, es necesario obtener datos ambientales cuantitativos y en segundo lugar es necesario valorarlos en términos económicos (monetarios). Ambos requerimientos enfrentan múltiples dificultades. Discutiremos estos asuntos en las siguientes entregas.

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EL DESARROLLO DE LOS INDICADORES

Para quienes no estamos directamente vinculados con organismos nacionales o multinacionales relacionados con el desarrollo, los conceptos de Desarrollo Sostenible (DS) y de Indicadores de DS (IDS) suenan un tanto teóricos y lejanos. Sin embargo, en la medida que estudiamos la historia reciente nos damos cuenta que se han hecho grandes esfuerzos por viabilizar, es decir por llevar a la práctica, tanto la idea del DS como la de sus indicadores. Estos son las herramientas que nos permiten evaluar en que medida se ha avanzado en la dirección del DS. Ya hemos mencionado que en la actualidad la esfera de los indicadores está algo saturada debido a la enorme heterogeneidad de medidas y maneras de medir. Pero también señalamos que se hacen esfuerzos por remediar esta situación.

Los IDS son consecuencia directa de la Agenda 21 en su capítulo 40 (Cumbre de Río, 1992).  Podemos decir que las bases conceptuales para los IDS están contenidas en las declaraciones de la Agenda 21. La agencia encargada de dirigir el proceso de implementación de los IDS ha sido la Comisión de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible, que comenzó la tarea en 1995.

Pintér et al., (2005) en su documento ya reseñado describen en detalle el proceso de implementación de los IDS, que ha implicado no solo el trabajo de la Comisión, sino además la participación de gobiernos interesados, de varias agencias especializadas y de numerosas ONGs.

La utilización de indicadores para medir el desempeño de los planes y programas en relación a las metas del desarrollo sustentable no es un proceso fácil ni uniforme. Es dificil en parte porque no está claro que es DS ni tampoco como se logra. Además, hay notables diferencias entre los paises, su estado actual de desarrollo, su cultura y sus tradiciones, su dirección política, etc. Esto hace que las aplicaciones nacionales de los IDS tengan sus peculiaridades, generando asi una gran heterogeneidad. La Comisión de las Naciones Unidas y sus colaboradores hacen grandes esfuerzos por lograr una cierta homogeneidad que permita las comparaciones.

A grandes rasgos visualizamos el uso de los IDS y su relación con los planes y programas de desarrollo como lo presentamos en la siguiente figura.  A partir de la estrategia nacional de desarrollo, que aunque no esté debidamente formulada siempre existe, se generan las metas u objetivos a alcanzarse en un cierto plazo (anual, quinquenal, etc). Esto permite darle forma a los planes y programas a ser desarrollados y cuyos resultados deben apuntar en la dirección de los objetivos formulados. Para medir cuanto se ha progresado en la dirección del DS se usan entonces los IDS que vienen siendo desarrollados y han sido sometidos a prueba por la Comisión de la ONU y por organismos nacionales. Este enfoque puede aplicarse a nivel regional o a programas nacionales globales o a niveles sectoriales o con distintos plazos.

De la evaluación de los resultados (desempeño) se obtiene información que puede retroalimentarse para revisar las estrategias, las metas y los planes y programas. Igualmente permite revisar los indicadores y las metodologías para su uso. En la gráfica he señalado con flechas circulares que tanto las metas como los planes y programas puede retroalimentarse. En ambos conjuntos, los elementos pueden influir unos sobre otros, bien sea positiva o negativamente. Estas interacciones pueden ponerse de manifiesto al estudiar el desempeño, permitiendo revisar cada conjunto y proponer soluciones.

Finalmente en esta entrada quiero resumir las etapas que se vienen dando en el proceso de desarrollo de los IDS, liderado por la Comisión de las Naciones Unidas. Entre 1995 y 2005 se completaron tres etapas. En la primera se formuló un conjunto inicial de indicadores y se desarrolló una metodología para su aplicación. En la segunda se procedió a entrenar personal en un grupo de 22 paises voluntarios y se sometió a prueba el conjunto inicial de IDS. En la tercera etapa se evaluaron los resultados, se revisaron los IDS y sus bases conceptuales y se comenzó a agregar IDS. De la cuarta etapa, que siguió a continuación,  hablaremos en una próxima entrega. En el cuadro que se muestra a continuación se resumen estas etapas.

(figura traducida y modificada de Pintér et al, 2005):

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LOS INDICES DE DS: CAPITULO 2

Pinter, Hardi y Bartelmus produjeron en 2005 un documento titulado “Indicators of Sustainable Development: Proposals for a Way Forward” (ONU, 2005) que en español significa más o menos,  “Indicadores del Desarrollo Sustentable: Propuestas para Salir Adelante”.  En este documento se identifican los retos a superar para convertir a los IDS en herramientas efectivas para promover y evaluar el progreso hacia la sustentabilidad. De acuerdo a los autores, estos retos serían de tres tipos: institucionales, metodológicos y técnicos. Yo incluiría además los retos políticos toda vez que se requiere de una voluntad política para implementar los IDS.  A pesar que los IDS se usan mucho en los discursos y en los informes de los organismos públicos, siguen siendo hasta ahora más un recurso retórico que una herramienta para el diseño de los planes y los presupuestos de desarrollo a mediano y largo plazo.  En pocas palabras, aun son marginales a las políticas nacionales.

Los problemas metodológicos se refieren a la falta de acuerdo en torno a que medir y como medirlo, y a la falta de standars para la comparación. Además, persiste el grave problema técnico de la medición en si misma, que sea persistente en el tiempo, que produzca datos reales, adecuados y precisos.  Estos problemas dificultan alcanzar los acuerdos políticos necesarios para un uso efectivo de los IDS.

Los llamados Indices Agregados son indicadores sintéticos que reunen distintos índices sectoriales en un indicador. Entre los más conocidos están el Indice de Desarrollo Humano (IDH) del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Indice de Sostenibilidad Ambiental (ISA), el Indice de Desempeño Ambiental (IDA), ambos desarrollados en la Universidad de Yale,  y el Indice de Progreso Genuino (IPG) que  contiene las variables del Producto Territorial Bruto pero le descuenta los costos ambientales del desarrollo.  A pesar de que ha habido mucho interés en desarrollar índices agregados, las dificultades en seleccionar los indicadores específicos, su peso relativo y su medición han impedido su uso generalizado.

Otro tipo de indicadores adoptados en algunos paises y organizaciones son los llamados en inglés “Headline Indicators (HI)” que serían Indicadores Titulares (como titulares de prensa, pero que también han sido llamados “indicadores genéricos”), refiriendose a un tipo de indicador sintético que se basa en un conjunto relativamente pequeño de índices muy relacionados con prioridades de política nacional. Estos indicadores, adoptados entre otros por el gobierno del Reino Unido, por la Agencia Ambiental Europea y la Oficina de Estadísticas de Australia, serían más efectivos en monitorear los logros en materias prioritarias que trabajar con muchos indicadores sectoriales. Lo que no está claro es hasta donde pueden representar prioridades del desarrollo sustentable, ya que las prioridades de las políticas de desarrollo no necesariamente están directamente vinculadas a la sustentabilidad.  Representan, sin embargo, una via interesante y que puede ser muy efectiva.

Finalmente haremos referencia a los indicadores vinculados directamente a una meta u  objetivo (goal-oriented indicators) que los relaciona con las prioridades de política.  Los Indicadores de las Metas del Milenio son un ejemplo reciente e importante de este tipo de índices, derivados de objetivos prioritarios de los paises en desarrollo. Se han convertido en un standard de referencia para muchas organizaciones internacionales. Este principio pudiera aplicarse a nivel de los paises al derivarse indicadores de las estrategias nacionales de desarrollo.  De nuevo acá no está claro que éstos sean indicadores de sustentabilidad, tal como comentaramos en relación a las Metas del Milenio.

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LOS OBJETIVOS DE DESARROLLO DEL MILENIO

Como ya hemos comentado han existido muchas dudas sobre que significa DS (Desarrollo Sustentable o Desarrollo Sostenible). La evolución de las propuestas, acciones, acuerdos, etc., relacionados con DS muestran que lo  que se propone es tratar de alcanzar un  nivel de vida elevado para la población humana sin deteriorar la naturaleza. Es decir sin perjudicar el funcionamiento de los ecosistemas, para que puedan prestarnos sus servicios ecológicos (agua, aire puro, protección UV, temperaturas manejables, etc.). A su vez, eliminando la pobreza, la desigualdad, la ignorancia, garantizando iguales oportunidades, derecho libre a elegir gobierno, etc. Ese es, en pocas palabras, la “utopía” del Desarrollo Sustentable. Es visible la diferencia entre esta visión y la propuesta del Informe Brutland. Al comentario de Susan sobre si el DS es un dogma o una propiedad del desarrollo, yo contesto que en mi opinión es una propiedad o característica de desarrollo, un tipo de desarrollo al que se puede ir y del que se puede volver dependiendo de las circunstancias. No es un dogma, creo que se puede obtener en algunas áreas, que se puede redefinir. Por eso creo que el propósito de alcanzarlo todo, de resolver simultaneamente todos los problemas del desarrollo no-sustentable en el que vivimos, es utópico. Hay que sectorizar, fijar metas más inmediatas en algunos de los aspectos fundamentales y menos inmediatas en los demás.

En ese sentido, nos preocupa que la  “definición” del DS se logre a través de la formulación de un conjunto heterogéneo de indicadores, y se expresa en un multiespacio de ejes definitorios de una sociedad humana en armonía con la naturaleza.

Por tanto definir “un plan de acción” es una tarea muy difícil. Si consideramos todos o la mayoría de esos ejes definitorios tendríamos cientos de objetivos o metas a lograr. Si tratamos de resumir en unos pocos objetivos “estratégicos” a lo mejor se pueden orientar las acciones y los avances factibles hacia el logro de esos objetivos, lo que  representaría un avance hacia el DS. Estas dos opciones se han visto representadas en la manera como han avanzado, en primer lugar el tema de los “indicadores” que de manera implícita representan metas,  y en segundo lugar por los llamados “índices” o “indicadores agregados” en particular  los “Objetivos de Desarrollo del Milenio” (ODM), que además de ser sintéticos se han fijado etapas y fechas de cumplimiento. He construido una tabla con los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y sus metas para el año 2015, con el propósito de que los lectores los vean tal y como son y puedan formarse su propio juicio.

No creo que los objetivos ODM sean alcanzables en el corto plazo. Al contrario, si los revisamos veremos que son una lista de propósitos sin recetas para lograrlos.  Algunos de esos ODM se pueden plantear sin que haga falta ni el concepto ni el propósito del DS. Por ejemplo: Meta 6.A: “Haber detenido y comenzado a reducir la propagación del VIH/SIDA en 2015.” Este, como otros objetivos de salud pública han estado en la lista de prioridades desde hace décadas: la erradicación de la malaria y de la tuberculosis, por ejemplo. Entre las acciones para derrotar a estas enfermedades se proponen la educación, el empoderamiento de las mujeres, las campañas para el uso del condón, etc. Parece obvio que la meta no se logrará para el 2015, aunque el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon,  asegura que “esto puede lograrse si se toman medidas concretas”.

Otra meta: erradicar la pobreza extrema y el hambre. Este objetivo depende de como definimos “pobreza extrema“. Para los efectos del ODM se ha definido en base al ingreso per cápita, y por tanto el objetivo se plantea así: “Reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, el porcentaje de personas cuyos ingresos sean inferiores a 1 dólar por día”. De acuerdo con los informes de la ONU, “la tasa de pobreza disminuyó del 46% al 27% entre 1990 y 2005”. ¿Cuáles han sido los motores de esa reducción? Estos mismos informes señalan al formidable crecimiento económico de Asia, y en especial de China e India, como responsable de esa reducción. ¿Qué relación hay entre ese crecimiento económico y el ambiente? Parece claro que una relación negativa. El crecimiento económico asiático de las últimas décadas es muy poco respetuoso del ambiente, por decir lo menos.

El avance en uno de los objetivos (en este caso la reducción de la pobreza extrema) no guarda relación con el avance en otros objetivos, como por ejemplo: Alcanzar empleo pleno y productivo y trabajo decente para todos, incluyendo mujeres y jóvenes” o “Reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, el porcentaje de personas que padecen hambre”. El empleo no ha aumentado en la última década, ni la proporción de personas que padecen hambre ha disminuido, ni siquiera en los países asiáticos en desarrollo.

No todo es negativo. En algunos objetivos se han hecho progresos, por ejemplo en el de la educación infantil o en la protección de la capa de ozono. Pero en varios aspectos ambientales, no solo no se ha progresado sino que se ha retrocedido. La emisión mundial de dióxido de carbono (CO2) siguió aumentando, las tasas de deforestación si bien han disminuido, siguen siendo alarmantes. La biodiversidad continúa decreciendo al igual que los recursos marinos.

Lo que esto nos muestra es que si bien parece conveniente desagregar el DS en unos pocos objetivos estratégicos, el asunto es mucho más complejo. Algunos objetivos pueden lograrse a expensas de otros, y al final de cuentas es posible que el DS retroceda en lugar de avanzar. ¿No les parece que los objetivos del Desarrollo Sustentable o Sostenible se han sobredimensionado? ¿No sería preferible plantearse etapas, como por ejemplo atenuar el impacto ambiental de la industria en primer lugar, y luego seguir con metas educacionales, sociales, etc?

Refiero al lector interesado al documento de la ONU sobre los avances en la consecución de los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), que se miden por medio de 21 metas y 60 indicadores oficiales. Este documento presenta los datos disponibles en junio de 2011.

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LOS INDICADORES DEL DS

Para saber si estamos progresando hacia un desarrollo sustentable (DS) necesitamos algún mecanismo de evaluación. En la Reunión de Río (1992), la Agenda 21 (cap. 40)  planteó la necesidad de desarrollar indicadores  que pudieran medir si estamos avanzando en el cumplimiento de las metas propuestas o si por el contrario estamos retrocediendo.  A partir de entonces se ha venido trabajando en el desarrollo y aplicación de esos Indicadores para medir el avance hacia el Desarrollo Sustentable (en inglés, SDIs).

 Las conclusiones de la Agenda 21 fueron tomadas por la Comisión de Desarrollo Sustentable (CDS), la que en 1995 inició el Programa de Trabajo en los Indicadores de DS.  La idea principal de la CDS era la definir indicadores, proponer las metodologías y desarrollar las capacidades de los tomadores de decisiones a nivel nacional. Se esperaba que los indicadores fuesen utilizados en las evaluaciones nacionales y en los informes de los países y de los organismos intergubernamentales.

 En mi opinión, para evaluar la marcha del DS implementando indicadores o índices, primero sería necesario definir DS y sobre la base de esa definición derivar los posibles indicadores.

Lo que parece haber pasado es que DS se ha ido definiendo en la medida en que se han ido proponiendo indicadores. De la definición vaga del Reporte Brutland, como el desarrollo que satisface las necesidades de la presente y las futuras generaciones, se ha pasado a una “definición” multidimensional en la que se combinan ejes sociales, ambientales, económicos e institucionales.  Los indicadores pasan a ser definitorios del objetivo:


 ¿de donde salen estos indicadores? Dejamos esta pregunta en el aire.

Cada uno de los tópicos considerados en los indicadores es en si mismo complejo (ver recuadro). Para hacer la cosa más confusa, la metodología para producir estos indicadores no está bien definida, implica escenarios muy variados y diferentes, a distintas escalas, y a veces pueden ser contradictorios. Por tanto, el menú de indicadores es largo, confuso, y muy difícil de manejar. En las últimas dos décadas, se han propuesto más de 600 indicadores y la lista continua creciendo, a pesar de las objeciones de los expertos que han denominado esta lista “Indicator Zoo”.


El problema se complica aún más debido a que los conjuntos de indicadores varían de país a país y entre regiones atendiendo a las diferencias ambientales, culturales, políticas y de prioridades.

En siguientes entradas comentaremos sobre la abundancia y  peculiaridades de los indicadores, su relación con sistemas de referencia o contextuales, los índices agregados y la relación entre SDI y los planes y estrategias nacionales de desarrollo. En especial, vendrá un comentario sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), que han pasado a ser uno de los puntos de referencia más importantes en relación a los indicadores de DS.

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Cambio Climático

¿Qué tiene que ver el cambio climático con el Desarrollo Sustentable?

¿Cómo se relacionan los protocolos de Montreal y de Kyoto con el DS?

La principal estrategia hacia la sustentabilidad ha sido la de lograr acuerdos internacionales que comprometan las naciones a disminuir el impacto ambiental del desarrollo, dentro de las limitaciones que imponen los intereses nacionales de los países. Estos acuerdos se logran mediante un largo proceso de negociaciones, de marchas y contramarchas que pueden ser desalentadoras. Sobre todo porque mientras esto ocurre, la degradación de la naturaleza en continentes y océanos continúa, la población mundial crece, el derroche de recursos en los países desarrollados no se detiene y las necesidades de las sociedades subdesarrolladas son cada vez más urgentes. Sin embargo, pareciera que el avance de la sustentabilidad (o  tal vez  la desaceleración de la degradación del planeta) depende de la definición de un marco mundial de referencia, o mejor, de marcos de referencia para cada uno de los aspectos ambientales,  sociales  y económicos. Así, clima, atmósfera, agua, biodiversidad, los ecosistemas terrestres y acuáticos, energía, pobreza, salud, educación, empleo y varios otros son aspectos interrelacionados sobre los que se trata de establecer compromisos. En este proceso, las Naciones Unidas y sus organismos subsidiarios han jugado un papel determinante.

La lista de reuniones, organismos, acuerdos y declaraciones relacionadas con la sustentabilidad que han tenido lugar en las últimas décadas es larga. Aquí destacaremos algunas como ejemplos de lo que se ha dado en llamar “transición hacia la sustentabilidad”[1].

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (PICC)

Establecido en 1988 por el PNUMA y la Organización Meterológica Mundial (OMM), este organismo (identificado en inglés con el acrónimo IPCC), tiene como mandatos:

“a) Evaluar la información científica disponible sobre los impactos, las consecuencias, y los aspectos económicos del cambio climático y las opciones para mitigar dichos cambios y/o adaptarse a ellos.

b) Proporcionar, previa solicitud, asesoramiento científico/técnico/socioeconómico a la Conferencia de las Partes (CdP) en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMCC).” 

 Su trabajo se ha centrado en evaluar científicamente la marcha del clima y el impacto de cualquier cambio ocurrido o previsible de ocurrir, analizar las opciones para mitigar los cambios y para adaptarse a aquellos que ocurran o puedan ocurrir. El Panel tiene cuatro grupos de trabajo, para evaluar:

1)    los aspectos científicos del sistema climático y el cambio climático (Grupo I).

2)    la vulnerabilidad de los sistemas socioeconómicos y naturales al cambio climático, los impactos del cambio y la posible adaptación al mismo (Grupo II).

3)   las posibilidades de limitar las emisiones de gases de efecto invernadero para mitigar sus efectos (Grupo III).

4)   Un cuarto grupo es el  Equipo especial sobre los inventarios nacionales de gases de efecto invernadero que estudia los inventarios nacionales de gases de efecto invernadero.

El panel de expertos del PICC cuenta con miles de expertos de todo el mundo y ha emitido informes en 1990, 1995, 2001  y el último en el 2007.

El IPPC ha mostrado que el cambio climático es evidente en los datos de temperaturas del aire y del océano, asi como del deshielo y del incremento en el nivel promedio del mar.

Los once años entre 1995-2006 están entre los doce años mas calientes desde 1850. La tendencia de incremento en los 50 años entre 1956 y 2005 (0.1 a 0.16 °C) es casi el doble que la tendencia para los 100 años entre 1906 y 2005. Esta tendencia, presente en todas las regiones del planeta, es más marcada en latitudes nórdicas. Las temperaturas promedio de la región Ártica han aumentado casi el doble del promedio global en los últimos cien años.

Los continentes se están calentando más rápido que los océanos. La temperatura promedio de éstos ha incrementado hasta profundidades de 3000 m. Las tasas de calentamiento en la tropósfera son similares a las de la superficie.

El incremento en el nivel del mar es consistente con el calentamiento: 1.8 mm por año entre 1961 y 2003, y 3.1 mm por año entre 1993 y 2003. Igualmente, las observaciones satelitales muestran como el hielo ártico se ha reducido en un 2.7% por década desde 1978.  Los glaciares de las montañas, tanto en el norte como en el sur, han decrecido en forma notable durante el siglo XX.

Se han observado cambios en otros aspectos del clima a escalas de cuenca oceánica, continental y regional. Entre 1900 y 2005 la precipitación ha aumentado significativamente en varias regiones, tales como Norte y Sur América, el norte de Europa y el centro norte de Asia, mientras que ha decrecido significativamente en el Sahel, el Mediterraneo, el sur de Africa y en partes del sudeste Asiático.

 El PICC ha relacionado estos cambios con el incremento en la atmosfera terrestre de gases del tipo invernadero (como el anhidrido carbónico, CO2, y el metano, CH4). En los últimos tres y medio siglos el primero ha aumentado en aproximadamente un 31% (de 288 ppm durante el período 1000-1750 a 368 ppm en el año 2000); el segundo ha aumentado en aprox. 151% (700 ppb durante el período 1000-1750 a 1.750 ppb en el año 2000). Las tres cuartas partes del aumento del CO2 atmosférico ocurrido en la década de los 90 es debido a la combustión de combustibles fósiles y el resto posiblemente provienen del avance de la frontera agrícola y la deforestación. El aumento del metano parece ser consecuencia de actividades humanas como la ganadería, los cultivos de arroz y el incremento en magnitud de los vertederos de basura.

 Las actividades humanas parecen también ser responsables por otros cambios importantes en la atmosfera terrestre. En especial, el aumento en las concentraciones de gases fluorocarbonados una de cuyas consecuencias es el debilitamiento de la capa de ozono (O3) que protege a los organismos vivos de la excesiva radiación ultravioleta. Otros gases como los óxidos de nitrógeno y los de azufre, así como el polvo y los compuestos orgánicos volátiles también son consecuencia de las actividades humanas y afectan negativamente no solo nuestra salud sino también la de animales y plantas, sistemas coralinos y ecosistemas marinos y terrestres.

Parece claro que el cambio climático y las alteraciones atmosféricas, inducidos por los patrones vigentes de producción de materiales de consumo humano, afectan directa e indirectamente cualquier proceso hacia la sustentabilidad. Es por ello que los organismos internacionales, con la ONU a la cabeza, vienen haciendo esfuerzos para concertar medidas que reduzcan progresivamente las emisiones de gases de origen antrópico hacia la atmósfera.

En  próximas entregas revisaremos de manera sucinta lo relacionado con los protocolos de Montreal y de Kyoto.


[1] BSDPD, 1999. Our Common Journey: a transition toward sustainability.  National Academy Press, Washington, DC.

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LA CUMBRE DE JOHANNESBURG

En los preámbulos de la Cumbre Mundial para el Desarrollo Sustentable, celebrada en Johannesburg en septiembre del 2002, Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas enfatizaba la necesidad de producir un plan de acción alrededor de cinco aspectos fundamentales: agricultura, agua, biodiversidad, energía y salud: “El adelanto en estas cinco esferas, ofrecería a todos los seres humanos la oportunidad de gozar de una prosperidad que perduraría más allá de su propia vida y de la que podrían disfrutar también sus hijos y los hijos de sus hijos.”

 La década que siguió a la Cumbre de La Tierra de Río fue decepcionante para el desarrollo del Desarrollo Sustentable. El deterioro del ambiente planetario y la pobreza aumentaron. Según Annan, los países desarrollados “no han hecho lo suficiente para cumplir ninguna de las promesas que hicieron en Río, para proteger su propio medio ambiente y ayudar al mundo en desarrollo a vencer la pobreza”.

 Con este panorama, se esperaba que la próxima cumbre mundial se planteara acciones concretas, más allá de los discursos y las declaraciones generales.

 Un segundo aspecto era garantizar la coparticipación de nueve grupos fundamentales de la sociedad civil, ya considerados en la Agenda 21: población indígena, mujeres, juventud, campesinos, empresas, sindicatos, gobiernos locales, científicos y organizaciones no-gubernamentales[1].

Delegados de casi 200 naciones asistieron a Johannesburg. A la asamblea se le presentaron reportes previamente preparados por las agencias de las ONU sobre los cinco aspectos básicos: agua, energía, salud, agricultura y biodiversidad.  Hubo grandes expectativas por los resultados de esta cumbre, expectativas que fueron defraudadas pues los acuerdos, cuando se lograron, fueron tímidos e imprecisos e ignoraron las propuestas específicas contenidas en los reportes previos.

Speth, decano de la Facultadde Forestal de Yale y expresidente del Instituto de Recursos Mundiales (WRI), enfatiza el papel negativo jugado por los Estados Unidos[2]. Su delegación, que no fue encabezada por el Presidente  Bush, bloqueó o desarticuló varios acuerdos con metas y plazos precisos. En ello fue apoyada por el Japón y la mayoría de los países miembros dela OPEP. Así, los acuerdos de Tipo I, entre gobiernos, fueron en general poco definidos y no-obligantes.

Sin embargo, la participación de las ONG y del sector empresarial fue vigorosa y se aprobaron muchos acuerdos del Tipo II, entre el sector privado, el público y organizaciones civiles. Un aspecto positivo fue la iniciativa dela Unión Europea por fijar metas precisas para la obtención de energía renovable, que aunque saboteada por los EEUU y otros,la UE prometió promoverla unilateralmente mediante alianzas con otros paises.

 En síntesis, en Johannesburg predominó un ánimo optimista que desatendió todas las llamadas de alerta sobre los graves problemas ambientales del planeta y los gobiernos se mostraron renuentes a discutir los aspectos ambientales, prefiriendo lo económico y social

Cuadro de texto con conclusiones, modificados de BBCMundo. com.

[1] Clark W. C., Kates R. W., McGowan A. H., & O’Riordan, T. 2002. Johannesburg and Beyond. Environment 44:7, contratapa.

[2] Speth, J.G. 2003. Perspectives on theJohannesburgSummit. Environment 45(1): 24-29.

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EL REPORTE BRUNDTLAND

El concepto de “desarrollo sustentable” aparece por primera vez definido en el informe conocido como Reporte Brundtland (1987)[1], (“Nuestro Futuro Común” o en inglés, “Our Common Future”) preparado por la Comisión Mundial de Ambiente y Desarrollo de las Naciones Unidas después de tres años de trabajo[2] con líderes, gobiernos, ONGs y público de todo el mundo. Acá se define el desarrollo sustentable como aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades”.

En adelante, esta idea estará cada vez más presente en todas las discusiones sobre el desarrollo socio-económico y sobre la necesidad de preservar la integridad ecológica de la naturaleza. Varios aspectos merecen especial atención en este histórico documento. Se enfatiza la necesidad de las soluciones multilaterales, de cooperación entre los paises y de la  intrínseca dependencia entre el desarrollo y el ambiente de forma tal que no se puede considerar uno sin considerar el otro.

La Comisión enfatiza: “no estamos prediciendo el futuro; estamos presentando una… urgente notificación basada en las mejores y más recientes evidencias científicas: ha llegado el momento de tomar decisiones que garanticen los recursos para esta y las futuras generaciones.”  Se presenta una visión de proceso en marcha para lograr estos objetivos: “No ofrecemos un plan detallado de acción, más bien ofrecemos un camino mediante el cual las esferas de cooperación entre los pueblos del mundo se agranden”.

 

El informe hace un recuento del desarrollo en las últimas décadas, que contiene aspectos positivos en relación a la mejora relativa de las sociedades humanas en su acceso a recursos como agua, energía, educación, etc., pero que en términos absolutos no ha mejorado o ha empeorado. Además, se refiere a la desigualdad del desarrollo entre paises como uno de los mayores problemas, no solo ambiental, sino también de desarrollo mismo.

El Informe está dividido en tres partes con 12 capítulos y dos anexos, para un total de 318 páginas. Repasa todos los aspectos tanto del desarrollo como del ambiente. El desarrollo sustentable debe implicar un desarrollo que verdaderamente ataque los males sociales, que garantice los derechos de la población a la salud, la educación, la democracia, y a los recursos necesarios para una vida plena. Simultaneamente debe garantizar la preservación de la naturaleza, el funcionamiento de los ecosistemas y de la circulación de materiales.


[1] ONU 1987. Our Common Future. Reporte de la Comisión Mundial de Ambiente y Desarrollo. 318 pp.

[2] El informe recibió el nombre de Reporte Brundtland porquela Comisión estuvo presidida porla Sra. Gro Harlem Brundtland, para ese entonces Primera Ministra de Noruega.

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REFLEXIONES SOBRE EL CONCEPTO

Pudieramos definir al desarrollo sustentable como “un progreso socio-económico que prescinda de los efectos ambientales nocivos que hasta ahora han caracterizado al desarrollo”, es decir que lo sustentable es el desarrollo mismo, es claro que esta definición no satisface a todos y que es solamente una de las varias que pueden derivarse. En un provocativo libro (“Our Common Journey”) preparado por el Panel sobre Desarrollo Sustentable del Consejo Nacional de Investigaciones de los Estados Unidos (BSDPD 1999[1]), se discuten con detalle estas diferencias conceptuales.

Allí se señala que el énfasis en lo que debe ser sustentado (el objeto) varía en tres clases principales: la naturaleza, los sistemas que mantienen la vida y la comunidad. La categoría más importante es la de los sistemas que mantienen la vida, en tanto que ésta es primariamente la vida humana. Dentro de esta categoría están los “recursos naturales” que son principalmente aquellos útiles para la sociedad humana. Esta idea se ha centrado más en los “servicios ecológicos” que prestan los ecosistemas, los que incluyen el reciclaje del agua, el mantenimiento de la capa del ozono, el control de los gases que componen el aire que respiramos, etc. Esta es una visión completamente antropocéntrica que se alinea muy bien con la doctrina del hombre como amo y señor de la naturaleza.

El énfasis en lo que debe desarrollarse también puede cambiar dependiendo del observador. La visión predominante es económica, es decir, que lo se desarrolla es la economía: inversiones, producto, consumo y riqueza. En las últimas décadas se ha promovido una visión más humana en el sentido de que el énfasis debe ponerse en el desarrollo humano: salud, educación, vivienda, equidad, oportunidades iguales para todos, etc. Una tercera visión incorpora la sociedad, con sus sistemas de justicia, libertad, estabilidad institucional, democracia, seguridad nacional, derechos humanos, etc. En resumen, el énfasis en desarrollar la economía, la gente o la sociedad cambia de acuerdo con el punto de vista del observador, aunque en muchos casos hay combinaciones de los tres aspectos.

Por añadidura, tampoco queda clara la escala de tiempo y espacio en que funciona el desarrollo sustentable. No es lo mismo la sustentabilidad durante un lustro que durante varias generaciones. Tampoco es equivalente la sustentabilidad de una pequeña cuenca en un valle andino que la sustentabilidad de toda una región o del planeta en su conjunto. Esto también debe ser decidido por el observador, o por el organismo que planifica el desarrollo. Se piensa que a corto plazo y en áreas restringidas cualquier desarrollo puede ser sustentable. Para resolver el conflicto entre el desarrollo y la naturaleza es claro que la sustentabilidad debe ser permanente, una vez iniciada.

El concepto de desarrollo sustentable es entonces considerado como oscuro, vago, indefinido y esencialmente poco útil para precisar metas y objetivos a ser alcanzados en ciertos plazos. Algunos no ven esto como una desventaja, toda vez que permite ir definiendo metas a lo largo de un proceso social e histórico, una suerte de “aprendizaje social” que significa que el desarrollo sustentable se va definiendo a medida que se va procurando. Pero también implica que el rumbo es incierto y que puede tomar cualquier dirección e incluso revertirse en cualquier momento. Esto último pasa igualmente con el desarrollo económico a secas. Sabemos como los países de la región latinoamericana experimentan años de progreso y bienestar para luego entrar en una recesión que también dura años y hasta décadas. El problema es que el deterioro de la naturaleza se ha mantenido por siglos y no sabemos cuánto más puede ésta aguantar antes de un colapso.

En mi opinión, el problema no radica en el concepto mismo sino más bien en los intereses encontrados entre los desarrollistas y los ambientalistas. En un gradiente de opiniones, un extremo lo ocupan aquellos que quieren continuar con políticas desarrollistas con el mínimo de controles ambientales y el otro extremo los que propician un conservacionismo a ultranza que forzaría a controles ambientales máximos.

En las posiciones intermedias se encuentran todas aquellas que hacen concesiones en una u otra dirección. El concepto, como lo veo, propicia la idea del desarrollo, pero calificándolo. No se trata de cualquier desarrollo, sino uno que se pueda mantener en el tiempo, que se sustente. Por cuanto el desarrollo implica el uso de recursos y depende de las condiciones ambientales, estaría implícito que solo se puede sustentar si se garantiza que esas condiciones y esos recursos se mantienen. Pero como los lectores pueden ver, esta es una interpretación, como hay muchas. El énfasis, como decimos arriba, varía dependiendo del observador.


[1] BSDPD, 1999. Our Common Journey: a transition toward sustainability.  NationalAcademy Press,Washington,DC.

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